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domingo, 21 de noviembre de 2010

El ladrillo se come a la sardina en lata en Alfageme.


Nadie en su sano juicio hubiese pronosticado hace tan solo cuatro años el cierre de la conservera gallega Alfageme. Una empresa con una marca de gran penetración en el mercado (MIAU), con un buen volumen de ventas y una factoría con prestigio empezó a cavar su tumba en en el mismo momento en el que la histórica familia decidió dejarla en manos de una promotora inmobiliaria.

Alfageme era hace un lustro una de las cinco conserveras españolas más importantes, llegó a dar empleo a 500 personas y a facturar 85 millones de euros. Trasladada desde Asturias a Vigo en 1873, a partir de 1813 se implantó en el barrio vigués de Bouzas, el edificio que construyó el arquitecto Gómez Román, de interés a conservar, y los terrenos que lo rodean acabaron convirtiéndose en sus peores aliados.
Ya 140 trabajadores el pasado mes de abril se quedaron en la calle con unas expectativas de empleo prácticamente nulas.
En la factoría de Vigo tan solo quedan tres empleados y el gerente por orden judicial. Tienen la misión de facilitar la labor de los administradores concursales que dirigen la liquidación de la compañía para saldar las cuentas con los acreedores. La deuda ha sido cifrada en torno a los 70 millones de euros, 8,5 de ellos en atrasos a los trabajadores, aunque el patrimonio se calcula en 90 millones.
Los empleados siempre han apuntado como principal responsable a Juan Lago, el dueño de la promotora que se hizo con la empresa. "Cuando compró, nos reunió y nos dijo que quería hacer una gran empresa. Cuando nos enteramos de que Peña nos absorbía a nosotros, nos quedamos alucinados, es como si una sardina se come a una ballena, no tenía sentido".
Los planes urbanísticos de los nuevos propietarios arruinan la empresa y eso que el ladrillo esta peor que el mundo de la sardina. Se busca el dinero rápido antes que el trabajo y no se paran a pensar todo lo que destruyen.

Vía.Elmundo.es

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